Este blog es un refugio, es un capricho, un lujo. Es mi ocasión de jugar con las palabras, de darles forma, de pretender lectores, de desparramar mi sesgada interpretación de esta vida loca. Este blog contiene algunas de mis cosillas que ya sé yo.

domingo, 11 de diciembre de 2016

La buena gente

En un momento vital en el que la desesperanza me ronda, de pronto no me queda otra que reconocer la fuerza regeneradora que aporta la buena gente.
He compartido tres días con hombres y mujeres con las que creo que podría irme a cualquier parte. Lo tienen todo: inteligencia, formación, capacidad de comunicación, humanidad, generosidad, sentido del humor y un máster en calor; ese calor que prende con el contacto de un abrazo y crepita en un espacio común donde se hablan y reconocen las almas.

La buena gente consigue hacerme sentir que puedo aunque yo ya sepa que no. La buena gente ve de una lo mejor y hace que me sienta importante y necesaria, aunque yo esté tan cansada o sea tan cobarde que no me la juegue con un paso al frente.

Estos días he compartido visiones, pareceres, aprensiones, resistencias... con personas que no piensan como yo. Y qué fácil hubiera sido que no me hubieran ganado el corazón.

Nos han contado recientemente que la auténtica alianza se construye sobre verdad y la verdad hay que perseguirla trascendiendo la incomodidad que todo desencuentro provoca. Estos días he escuchado a diestro y siniestro, planteado contextos posibles que podrían desarmar las desconfianzas en uno y otro sentido. Hay posiciones que se han movido. Algunas. Un poco. Quiero pensar que esos ladrillos que se han desprendido de la muralla, puedan ser primeras piedras de un puente que si no va a servir para el diseño de un proyecto común, sirva al menos para reparar daño y sanar algunas de las heridas abiertas de mi buena gente.

Hay buena gente en muchas partes. Siento que son menos de las que creía (mi desesperanza no hace demasiadas concesiones). Pero yo tengo mucha suerte porque conozco un buen puñado de hombres y mujeres que me hacen sentir que no está todo perdido.

A toda la buena gente que se ha hecho un hueco en mi corazón, gracias por tanto.

2 comentarios:

Sara Solano dijo...

Macarena, el encuentro con personas que nos hacen crecer alienta y estimula a seguir creyendo en la posibilidad de contribuir a la creación de un mundo mejor. Gracias por tu presencia y sensatez este finde. Gracias por venir.

Macarena dijo...

Jo, Sara... Tus abrazos. Tienen una onda expansiva que no te imaginas. Aún puedo sentirlos. Gracias a ti.