Este blog es un refugio, es un capricho, un lujo. Es mi ocasión de jugar con las palabras, de darles forma, de pretender lectores, de desparramar mi sesgada interpretación de esta vida loca. Este blog contiene algunas de mis cosillas que ya sé yo.

domingo, 6 de noviembre de 2016

El trajín del pelotero

Me pregunto a dónde van las palabras que no decimos. Y a dónde los pensamientos que de tan prensados y acobardados no aciertan a componerse en frases. 

Sé que muy lejos, no; porque son temerosos. Los visualizo como escarabajos peloteros, haciéndose bola al menor roce. No sé hacia dónde se dirigen -me imagino- rodando. 

Podría ser hacia la boca del estómago, desde la cabeza y por la tráquea. También podría ser hacia los pulmones. O directo al corazón. Lo que sé bien es que yo cuando callo (con mayúsculas), de repente, no puedo pensar ni tragar ni respirar. Y me duele el corazón.

Así que va a ser que el pelotero va y viene de arriba abajo, de derecha a izquierda, buscando con tal trajín un lugar seguro. Y va a esconderse allí donde todo empieza y termina; agazapado, sintiendo su propia pesadez, el hastío propio de ser consciente de su destino: recoger y acumular fracaso por cada uno de los impulsos verbales abortados, redondearse sobre sí mismo y dejarse llevar por dentro.

No sé "a dónde irán los besos que guardamos, que no damos", como decía la canción. Quizá al mismo húmedo rincón del corazón donde hiberna y se consume el pelotero.

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