Este blog es un refugio, es un capricho, un lujo. Es mi ocasión de jugar con las palabras, de darles forma, de pretender lectores, de desparramar mi sesgada interpretación de esta vida loca. Este blog contiene algunas de mis cosillas que ya sé yo.

domingo, 10 de abril de 2016

Bastante insoportable

Hace apenas una hora estaba pensando que este había sido un fin de semana muy bueno. Muy cansado, muchas cosas... Pero me había sentido bien.
Sentirse bien parece algo sencillo. No se trata de ser feliz ni de estar muy contenta; solo de sentirse... bien. Es poco ambicioso, ¿no? Un anhelo de modesta pretensión.

Yo tengo una tendencia pronunciada al atormentamiento: yo solita con todas las mochilas que me pesan me monto unos zipitostes elegantes. Me pongo a sacar incapacidades, inseguridades, retos mal ejecutados, conversaciones que no debí tener, comentarios que no debí hacer de esa manera, silencios que no debí consentir y me pongo ciega de echarme paladas de tierra hasta que concluyo que soy una tía bastante insoportable.

Sé que también tengo mis encantos (es lo que nos pasa a las personas intensas), pero creo que si me topara en la vida con alguien como yo, saldría corriendo.

Empezaba diciendo que había sido un finde chulo y que me había sentido bien... Hasta que he visto a mis hijas tener una discusión en la que lo único que he sido capaz de ver es la puesta en escena de lo peor de mí. Allí estaban: dándole su toque personal a la herencia más dolosa de su madre. ¿Cómo haces para ser convincente con un "eso no está bien" si te reconoces perfectísimamente en esas formas airadas, impertinentes, tiránicas?
A tomar por rasca la buena onda del fin de semana, porque cuando eres madre dejas de tener el control sobre tu vida y, sobre todo, sobre tu estado de ánimo. Pierdes el derecho a vivir en paz y te pasas el día en una montaña rusa, con lo poco que me gustan.

En unos minutos, esta entrada tocará a su fin, porque ya las oigo terminar de preparar las cosas de mañana. Van a venir, se me van a echar encima a abrazarme, a pedirme un beso... Y al sentirlas tiernas, mías, tan suaves... conseguirán que descorra mi cerrojo y me rinda a tanto amor como siento por ellas.

Y al final, de la terna de insoportables se caen dos, y me quedó yo sola con mis mochilas abiertas, mis cosas desparramadas y mi atormentamiento. Porque ellas, mis herederas, están sobradas de encantos. De sus genes macarenos me he de ocupar yo con un estropajito de paciencia y dale que te pego sobre la cadena de ADN. Por si me aburría o algo.

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