Este blog es un refugio, es un capricho, un lujo. Es mi ocasión de jugar con las palabras, de darles forma, de pretender lectores, de desparramar mi sesgada interpretación de esta vida loca. Este blog contiene algunas de mis cosillas que ya sé yo.

martes, 16 de febrero de 2016

La puta la nieve

Hoy estoy apocalíptica. Y egocéntrica. ¿Os suena eso de las pelis de "el Estado contra Henry Dolan" o "el pueblo contra Dona Jones"? Bueno, pues yo hoy puedo presentar jurisprudencia en el caso "el cosmos contra mí". Qué le vamos a hacer: el cosmos no tiene otro pito que tocar que alterar todas las malas ondas y redireccionarlas hacia mis circunstancias. No es una percepción subjetiva: esto es ciencia. Dadme un tiempo para desarrollar mi teoría y le birlo el Nobel al equipo de las ondas gravitacionales.

Es la puta la nieve. Yo lo sé. Nadie odia la nieve más que yo. Aunque no cuaje, aunque solo precipite cuando yo salgo de casa y cuando vuelvo. Porque eso es lo que hace. Se aguanta todo lo que puede (como hacen los niños con la respiración) y está alerta, controlando mis movimientos... Y en cuanto ve que pillo las llaves de la bici... ¡se alivia la nube recién llegada de Alaska sobre mi calle! Y me acompaña hasta el trabajo, porque me odia tanto como yo a ella.

En cuanto veo los primeros copos invadir mi campo visual, hago acopio de Orfidal. Por si acaso se me va de las manos lo que esté por pasar. Y lo que esté por pasar es todo: la mochila que se queda en la calle viéndonos marchar, la cadena de la bici que vuelve a estar fuera de su sitio, porque el bien común no saben ni lo que es en mi cuarto de bicis; la baldosa -la puta la baldosa rota y su balsa de agua subterránea-; la señora (o el señor) que me afea la conducta equis (da igual; siempre hay algo que hago mal, se ve). Y el calcetín que se te come... Dios mío: hace 30 años que no se me comía un calcetín.

Esta mañana, a diez minutos del trabajo me he bajado de la bici. Me he quitado la capucha, me he abierto el abrigo y me he puesto chula. "¡Porque tú lo digas voy a tener que ir disfrazada de crisálida, que me muero de calor!!!!!". Entre la mala uva, el pedaleo y la agresión permanente de los copazos hacia mis ojos... a punto de entrar en erupción he estado.

He llegado a la oficina y ha dejado de nevar. Ahí lo dejo. Nada que declarar. Es lo quiere y no pienso seguirle rollo. Solo quiere protagonismo. Como ya casi no curra porque nos estamos cargando el planeta, se dedica a torturarme para ver si la convierto en trending topic. Va lista. De todo esto a Twitter ni mu.

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