Este blog es un refugio, es un capricho, un lujo. Es mi ocasión de jugar con las palabras, de darles forma, de pretender lectores, de desparramar mi sesgada interpretación de esta vida loca. Este blog contiene algunas de mis cosillas que ya sé yo.

lunes, 16 de noviembre de 2015

Nos rondan los hombres grises

Cuando de niña llegué a esa página del libro donde ponía "ENDE", me quedó muy claro que Momo -con la ayuda de Casiopea y el maestro Hora- había aniquilado a los hombres grises.

Con la desaparición de los cenicientos fumadores de flores horarias, podíamos por fin recuperar nuestro tiempo para perderlo a gusto o para regalarlo a nuestras personas más queridas. Era yo una chiquilla entonces, pero ya tenía claro que emplear el tiempo en trabajar para ganarse la vida era también un uso correcto.

El viaje que nos propone Michael Ende a través de Momo -una niña que vive en las ruinas de un anfiteatro- nos escuece en el reconocimiento de nuestro modelo de vida actual; en el que la ambición profesional o personal, el individualismo, la realización a través de los logros... se vuelve contra uno mismo. Los hombres grises de la novela son nuestra propia exigencia y al releer Momo, identifico a estos personajes gélidos y tóxicos perfectamente instalados en las inmediaciones de gente a la que quiero mucho. Conozco bien a estos tipejos porque he estado muchos años arrancando mis días sintiendo el frío de su presencia mientras me iba la vida en "aprovechar" mi tiempo.
Entre las páginas de "Momo" me encontré con estas líneas:

"Al principio apenas se nota. Un día, ya no se tiene ganas de hacer nada. Nada le interesa a uno, se aburre. Y esa desgana no desaparece, sino que aumenta lentamente. Se hace peor de día en día, de semana en semana. Uno se siente cada vez más descontento, más vacío, más insatisfecho con uno mismo y con el mundo. Después desaparece incluso este sentimiento y ya no se siente nada. Uno se vuelve totalmente indiferente y gris, todo el mundo parece extraño y ya no importa nada. Ya no hay ira ni entusiasmo, uno ya no puede alegrarse ni entristecerse, se olvida de reír y llorar. Entonces se ha hecho el frío dentro de uno y ya no se puede querer a nadie. Cuando se ha llegado a este punto, la enfermedad es incurable. Ya no hay retorno. Se corre de un lado a otro con la cara vacía, gris, y se ha vuelto uno igual que los propios hombres grises". Y además se ha quedado solo, terriblemente solo, añadiría yo.

Esta enfermedad que aqueja a los personajes de la novela que sucumben a la propuesta de los hombres grises sólo puede combatirse parando el tiempo: reseteando. Y al fin y a la postre, yo creo que el reseteo pasa por la escucha: a uno mismo y a los demás.

Así arranca la novela que te animo a leer (o releer): "Momo es una niña con un don muy especial: sólo con escuchar consigue que todos se sientan mejor" (...) Momo es la única que no se deja engañar (por los hombres grises), y con la ayuda de la tortuga Casiopea y del maestro Hora emprenderá una aventura fantástica contra los ladrones de tiempo. Una novela única con la que redescubrir la importancia de la amistad, la bondad y el valor de las cosas sencillas. En definitiva, sobre lo que de verdad nos hace felices".

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