Este blog es un refugio, es un capricho, un lujo. Es mi ocasión de jugar con las palabras, de darles forma, de pretender lectores, de desparramar mi sesgada interpretación de esta vida loca. Este blog contiene algunas de mis cosillas que ya sé yo.

martes, 27 de octubre de 2015

Un puñado de gracias porque estoy bien

Esta noche quiero dar gracias porque estoy bien. Porque iba sola. Porque no había un vehículo viniendo de frente. Porque estoy tranquilamente en mi casa rematando con paz este otro día duro (vaya semana que llevo...).

Quiero dar las gracias al primer chico que ha parado su coche para ayudarme a salir del mío y no se ha ido hasta asegurarse de que estaba bien. Gracias también a todas las personas que a ambos lados de mi siniestro han frenado y bajado sus ventanillas para ofrecerme su ayuda e interesarse por mí.

Gracias a Javier por acompañarme todo, todo el tiempo y asegurarse de que estoy todo lo bien que le digo que estoy.

Y gracias también a los agentes de la Policía Local de Vitoria-Gasteiz que me han atendido con tanta cercanía y cuidado. A los sanitarios de la ambulancia que me han echado el primer vistazo. A Cristina y a Sandra por ofrecerse a lo que hiciera falta. A mis ángeles por velarme en la distancia. A Isabel. A mis hermanos por su disponibilidad. A los amigos por sus mensajes, sus llamadas y por su "guarda y custodia" de mis niñas en la puerta del cole. Al personal de urgencias del hospital de Santiago, porque cuando tienes que echar allí la tarde, se agradece de verdad la amabilidad.

A mis cuñadas por su interés y su cariño. A Mentxu por quererme tanto como yo a ella. A mis padres por pedirme que la primera llamada que haga cuando me levante sea a ellos. A mis hijas por darme cuidadosos besos y abrazos sin presión, para no hacerme daño.

A la vida. Porque antes de empotrarme contra la farola, y antes del tiempo robado a mi consciencia, estaba pensando en lo preciosas que son las tardes templadas de otoño con sus calles enmoquetadas de hojas muertas.

No hay comentarios: