Este blog es un refugio, es un capricho, un lujo. Es mi ocasión de jugar con las palabras, de darles forma, de pretender lectores, de desparramar mi sesgada interpretación de esta vida loca. Este blog contiene algunas de mis cosillas que ya sé yo.

sábado, 26 de septiembre de 2015

Volver

Hoy es el primer día que estoy requetemal desde que estoy requetebién. He echado una ojeadita a ese lugar oscuro y húmedo que tan bien conozco... Pero ha sido solo un instante. Un pánico fugaz me ha recorrido la columna y ha salido por la boca, con mis respiraciones agitadas, poco a poco. Después ya solo me han quedado las ganas de echar a correr.

Es curiosa la cantidad de veces que sueño que necesito correr -porque me va la vida en ello- y no puedo. Cuando despierto no me acuerdo de adonde quería ir, pero retengo esa frustración de tener un destino y no ser capaz de alcanzar mi vagón: el que se va... Así que regreso. Pienso en mi gran suerte: tengo un sitio al que volver, personas que me esperan y me necesitan. Y a las que quiero. Tengo un montón de cosas que hacer, así que casi mejor que termine lo que tengo pendiente que ya habrá tiempo de viajes.

A continuación, me riño por este inconformismo que destapa el egoísmo que vive en mí y que con tanto cuidado barnizo de amor y entrega, para que no quede expuesta mi auténtica naturaleza.

A volver después de la carrera se aprende. A saber cuándo renunciar a alcanzar el tren, también. A restarle intensidad a los sueños, no.

El chucuchú se va haciendo remoto mientras se aleja el tren. Me giro y vuelvo sobre mis pasos, ahora ya sin correr. Busco un instante bonito de mi vida reciente al que fotografiar con mi recuerdo y me abandono a revivirlo. Y me entran unas ganas locas de volver, volver, volver.

Es el momento de recoger en un saquito los sueños y meterlos entre mi ropa; cerca de mis cosas, impregnando a poquitos mi cuerpo.

A caminar más despacio se aprende. A remontar un día requetemalo, también. A restarle intensidad a los sueños, no.

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