Este blog es un refugio, es un capricho, un lujo. Es mi ocasión de jugar con las palabras, de darles forma, de pretender lectores, de desparramar mi sesgada interpretación de esta vida loca. Este blog contiene algunas de mis cosillas que ya sé yo.

lunes, 15 de junio de 2015

Yo tampoco quería a Maroto. Pero todo no vale.

Llevo desde el sábado rumiando lo ocurrido con motivo de la votación para designar alcalde de Vitoria-Gasteiz. 

El viernes por la tarde estaba moderadamente contenta tras conocerse que Urtaran tendría los apoyos suficientes para ser primer edil y que no lo sería Maroto. Sobre el tablero, las fichas y las reglas del juego. Unas veces se gana, otras se pierde y otras se gana pero se tienen tantas deudas que el triunfo muda con celeridad y descubre esa cara de "no puede estarme pasando esto a mí".

Maroto ha sido un ganador que tenía deudas: ha reventado la convivencia y ha encendido la peligrosa llama de la protección social de primer grado para "los de aquí" y la de segundo grado para "los que viven de las ayudas y son todos africanos, además" (o casi).

Maroto se ha apropiado de la bandera de Vitoria y propuesto lucirla como señal de simpatía con su causa política. Maroto ha estado cuatro años poniendo toldos a su alrededor, para que no hubiera más cabeza visible que la suya. En la salud y en la enfermedad, en la riqueza y en la pobreza, el sheriff de Vitoria soy yo. 

En misa y repicando, confundiendo churras con merinas, resucitando el caciquismo, llamando al orden al director de Cáritas por hacerle pupita con su denuncia pública de los recortes en protección social, señalando con el dedo a personas a quienes debemos tanto de nuestro bienestar, renegando de sus siglas en plena campaña electoral y pavoneándose de resultados, por contraste con el batacazo de sus compañeros y compañeras en todo el país. "La gente no ha votado PP en Vitoria. Ha votado Maroto". Qué bonito. La política es servicio y sólo el servicio ejercido con humildad engrandece y dignifica al hombre y a la mujer. O se le ha olvidado o no lo ha sabido nunca.

Yo no quería a Maroto como alcalde otra vez. Maroto ha sido una pesadilla para mí. He vivido su gobierno con angustia, dolor y mucha rabia. El Gobierno de Maroto ha sido déspota y sordo. No sé cómo será el Gobierno que venga, pero lo que está claro es que no tendrá faraón. Es un gran alivio.

Creo que como todos los gobiernos, el de Maroto también ha tenido sus cosas buenas. Creo que Maroto ha dado mucho por Vitoria aunque no haya sido lo que le estábamos pidiendo. Quiero pensar que adolece de conocimiento de la realidad que viven muchos y muchas en la ciudad, que le ha faltado sentarse a escuchar, mirar más allá de las fronteras del mundo desarrollado. Creo que le han aconsejado mal quienes le han dado alas y hago responsables de este lamentable trance a quienes pudiendo hacerlo no le han parado los pies y a quienes le han bailado el agua. La política social de Maroto ha causado mucho sufrimiento: a las personas directamente afectadas y a quienes nos sentimos cerca de sus dificultades.

Yo no quería a Maroto. Está claro. Pero lo que ocurrió el sábado en Vitoria-Gasteiz fue lamentable. Nada que celebrar. Muy mal cuerpo, mucha incomodidad, mucha vergüenza. Así no.

La política tiene sus reglas. Pues hagan juego señores y señoras representantes de la ciudadanía. Pero donde corresponde: en las instituciones. No digo que la calle no sea lugar para expresarse a favor o en contra. Lo que digo es que la expresión en la calle debería ser respetuosa por parte de todos y todas.

Policía local y antidisturbios en la plaza del Ayuntamiento. Insultos: "¡fascistas!", "¡asesinos!". Cuánta simplificación. Siempre con lo mismo en este pueblo. ¿No hemos aprendido nada? ¿A nadie más se le pone un nudo en el estómago con los enfrentamientos vecinales de este calado? Cierto que no llegó la sangre al río, pero dimos un espectáculo lamentable, injustificado se mire por donde se mire. El linchamiento verbal y virtual a Maroto no es de recibo.

Mucho más eficaz ha sido el impecable trabajo de Gora Gasteiz; ejemplo de propuesta serena de encuentro, de construcción de un modelo de ciudad para todas las personas. Mensajes claros, limpios, pacíficos... de llamada a la convivencia en el respeto y a la promoción de todas las personas que lo necesiten, vengan de donde vengan.

La calle había hablado ya. Con su apoyo a Gora Gasteiz, dando la espalda a la desafortunada campaña "Ayudas más justas", generando debate en los bares, en los hogares, en los medios y en las urnas. También en las urnas. La de Maroto fue la lista más votada y eso merece respeto. Es cierto que un 70% no votó Maroto y es legítimo que el Gobierno municipal recoja ese clamor, y lo haga en el marco de las normas que nos rigen.

En los últimos tiempos se ha hecho mucho esto de votar para que otros no salgan en lugar de votar en conciencia. Pero desde que yo tengo uso de razón nunca en Vitoria-Gasteiz se había votado contra alguien en concreto. Esto es lo que ha pasado en la ciudad.

Maroto y quienes le arropan en su trance llevan ladrando varios días disparates de todo tipo. Están rabiosos. Me parece normal. Pero pasará el mal trago y tendrán que meter horas en el rincón de pensar. Van a salir ganando. Estoy segura. Cuando se descarrila tanto hay que bajarse a mirar vías y ruedas y tratar de saber qué pasó para que el viaje se truncara. Confío en que serán capaces de hacerlo y recuperarse para la buena práctica política.

Aunque muy por encima, no quiero dejar pasar la ocasión de manifestar mi decepción por nuestras y nuestros representantes políticos. Vergonzoso el trapicheo de apoyos, las exigencias, la sumisión a disciplinas de partido y la evidencia de que estamos vendidos siempre con los partidos políticos que no acaban de entender que lo local ha de resolverse desde lo local; con responsabilidad y pensando en clave de ciudad (pueblo).

Toca dar el do de pecho ahora. Estoy expectante.

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