Este blog es un refugio, es un capricho, un lujo. Es mi ocasión de jugar con las palabras, de darles forma, de pretender lectores, de desparramar mi sesgada interpretación de esta vida loca. Este blog contiene algunas de mis cosillas que ya sé yo.

domingo, 24 de mayo de 2015

Ángeles de la guarda

Desde chiquitina me ha dado buen rollo el ángel de la guarda. Ésa sombra blanca que no te desampara ni de noche ni de día y que no te deja sola jamás de los jamases porque si no, te perderías.

Esas frases que arrancan con las cuatro esquinitas que tiene mi cama, me evocan sin remedio a la familia Telerín y a la hilera de niñitos y niñitas enfilados rumbo al descanso. Y siempre, siempre, antes, una oración.
Cómo no descansar con la certeza de que un angelito vela tu sueño, cuando eres una niña con la maravillosa capacidad de rendirse al cansancio y a la certeza de que el de mañana será un buen día.

Quedó atrás mi niñez y mi certeza esperanzada. Ya no descanso cuando duermo y no visualizo angelitos en las cuatro esquinitas de mi cama. No los veo porque yo ya soy grande y no me toca un ángel de la guarda ni su dulce compañía: me tocan dos. Tengo mucha, mucha suerte.

Y no sé qué haría si no estuvieran, porque siempre están. Guardándome el alma del frío, soplando sobre la herida recién desinfectada, alertas ante mis indecisos pasos, con sus brazos atentos, sus miradas limpias y su generosidad impregnando mi valle de lágrimas.

Están siempre a la distancia justa: unas veces, la que fija el margen del respeto y la confianza; otras, la que hace posible escuchar lo que no se dice; y otras más, la distancia justa es ninguna, para obrar el milagro del cuidado de la mujer rota.

Hoy me han visitado mis ángeles. Ahí han estado: abrazándome fuerte, bañandome de sol la pupa que provocan algunas nostalgias tramposas. Han estado y, sin saberlo, después de marcharse se han quedado conmigo; acompasando mi respiración, mesando mi pelo, llenando vacíos y cuidando el fuego para que no me fuera a alcanzar siquiera un escalofrío.

Tengo dos ángeles de la guarda y tengo mucha, mucha suerte.

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