Este blog es un refugio, es un capricho, un lujo. Es mi ocasión de jugar con las palabras, de darles forma, de pretender lectores, de desparramar mi sesgada interpretación de esta vida loca. Este blog contiene algunas de mis cosillas que ya sé yo.

viernes, 6 de marzo de 2015

Alguien sabe montar una revolución de las gordas?

Quien me conoce bien sabe que cuando estaba en los primeros meses de mis embarazos, mi mayor deseo (después de que nacieran sanos) era que lo que fuera a traer al mundo fueran niños: varones.

Pero no fue así. Sentí decepción cuando me lo comunicaron. En las dos ocasiones. Una decepción fugaz, es verdad. Eran niñas, mis niñas y las iba a adorar igual. Claro!

Mi anhelo no era un capricho. Era un acto de amor. Quería para mis hijos lo mejor, el punto de partida más favorable, más oportunidades, más libertad, más mundo que comerse, más seguridad... Porque cuando fui madre, hacía ya muchos, muchos años que yo había recibido la revelación que marcaría mi vida: lo de ser mujer es un mal comienzo y mejorar eso es una carrera de obstáculos extenuante.

Ya he dicho (y publicado) en alguna ocasión que a mí ser mujer me da rabia. Y me va a dar rabia hasta que me muera, me temo. Porque el panorama no mejora para nosotras: se estanca o retrocede. Si a nuestro sistema económico le vienen mal dadas, como es el caso, toca prepararse para llevarse la peor parte.

Los "días de..." son necesarios, aunque su eficacia en la sensibilización social sea relativa. Así que toca prepararse para celebrar el Día de la Mujer y reivindicar. Vaya por delante que me parece bien. Muy bien. Pero qué cansada estoy de quejarme de lo mismo siempre. Será que tenemos que hacerlo de otra manera? Será que nos liamos con las campañas y lo que teníamos que estar haciendo es preparar una auténtica revolución de las mujeres?

Ni idea de cómo se podría empezar a liar una gorda que haga tambalear los cimientos del patriarcado. Además, ya he dicho que estoy muy cansada y la cabeza no me da para empresas de este calado.

Yo ya no voy a manifestaciones. A ninguna. No es por desinterés en las causas ni por pereza. Es porque decidí que nunca más, viniendo de la manifestación que se convocó en Bilbao para pedirle a ETA la liberación de Miguel Ángel Blanco. Me salté mi "nunca más" para pedirle a Aznar que no participáramos en la guerra de Irak. Mataron a Miguel Ángel Blanco y España participó en la guerra. Las dos manifestaciones fueron multitudinarias. De las que impresionan. Pero quien tenía que escuchar al pueblo, no lo hizo. A pesar del clamor, de la implicación, de los mensajes suplicantes... Me tocan muy adentro las multitudes coreando consignas. Revientan mi equilibrio emocional. Y para nada. Nunca más.

Yo prefiero el compromiso de seguido: antes y después del día D. Y sobre todo prefiero que no nos hagan la pelota a las mujeres en estos días previos mostrando la sensibilidad con la causa. Porque no me creo nada.

Juguemos el juego, que dirían los franceses. Porque para desaprovechar altavoces para denunciar y reivindicar, tampoco estamos. Pero no nos despistemos, que la revolución que necesitamos está pendiente de la empatía de los hombres y mujeres que conformamos esta sociedad y, sobre todo de la justicia. Estamos tan, tan verdes en justicia social... Sigamos pidiendo y exigiendo sin desfallecer.

Si para cuando mis hijas se tengan que enfrentar solas al mundo, la cosa no ha mejorado, tendré que montarme una revolución para arroparlas. Pero si alguna (o alguno) está lúcida y puede ir preparando un guioncito, pues vamos ganando tiempo. Y yo cuando salga de mi crisálida, me sumo. Palabrita.

Feliz 8 de marzo, señoras. Lo cortés no quita lo valiente.

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