Este blog es un refugio, es un capricho, un lujo. Es mi ocasión de jugar con las palabras, de darles forma, de pretender lectores, de desparramar mi sesgada interpretación de esta vida loca. Este blog contiene algunas de mis cosillas que ya sé yo.

miércoles, 4 de febrero de 2015

La vuelta al calcetín

Quienes me conocéis bien quizá habréis echado en falta que no haya despotricado suficientemente por aquí sobre la nieve. Y no es que haya aprendido a apreciarla después de los años: la odiaré siempre. Es porque estoy haciendo grandes esfuerzos por ignorarla y las circunstancias que vivo me están poniendo fácil no tenerme que enfrentar demasiado a su hipócrita belleza y a su estampa mentirosa. La nieve es tan prepotente que no da opción.

Estoy ahora mismo en el trance de poner mi casa patas arriba, de darle la vuelta al calcetín y arrancar las pelotitas que se han ido formando con el tiempo, cortar algún hilo de la costura... el que se mete entre los dedos, con lo incómodo que es. Estoy en el proceso tan enriquecedor como doloroso de mirarse por dentro. Cuando llega el momento, lo haces. Porque es eso o no poder vivir.

Es una mierda. Porque nada de lo que ves te gusta. Es mucho mejor apalancarse en la imagen creada de una misma que asumir la intolerancia, la imperfección, las malas prácticas, los excesos que hacen daño a terceros, la exigencia y la lista negra que, sin ser consciente, he ido elaborando con las decepciones acumuladas con los años.

Desde ayer me ronda una pregunta de las que no tienen fácil respuesta: cuántas de las personas que yo quiero están dispuestas a pasar por alto todos mis errores? Sólo porque me quieren. Porque dan por hecho que cuando yerro no hay mala fe, que cuando algo que dije hirió, fue porque otra herida no me permitió tamizar debidamente? Con cuántas personas puedo permitirme caminar sin excesivo tiento, sin la exigencia permanente de estar a la altura? Cuántas personas están conmigo "a muerte"?

Aquí saco a colación la lista negra otra vez. Porque si algo he aprendido con los años es que la justicia de la tierra es cuestionable y la divina está por ver. Y que bien no siempre devuelve bien; ni compromiso, resultados; ni entrega, amor; ni devoción, lealtad; ni sangre, vida.

Cuando he empezado a escribir estas líneas, acababa de bajar las persianas y tenía la imagen de una calle ancha cubierta con un manto en la que no podía situar ni carretera ni acera ni vías del tranvía. Ahora me he dado cuenta de que ésa es la imagen que me ha puesto a escribir. La nieve se ha colado sin permiso en mi cuerpo pintándomelo de blanco y traspasándome todo su frío y su incertidumbre. Me pilla sin palas, sin sal. Me pilla consciente de que las previsiones del tiempo no mejoran. Me llena de impotencia y si supiera cocinar, me ponía ahora mismo a preparar calamares en su tinta para arruinarle la pureza a esta inclemencia que es mucho más fuerte que yo.

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