Este blog es un refugio, es un capricho, un lujo. Es mi ocasión de jugar con las palabras, de darles forma, de pretender lectores, de desparramar mi sesgada interpretación de esta vida loca. Este blog contiene algunas de mis cosillas que ya sé yo.

domingo, 19 de enero de 2014

Frentes

Amenazan con nieve para mañana (que ya es hoy). Un frente que viene, dicen. ¿Otro? Digo yo. Tengo tantos frentes abiertos que me faltan horas del día para dedicarles la atención que merecen. Para colmo, una puerta que creía cerrada, se entreabre de nuevo poco a poco... Y ya está: de par en par. Ufff. Miro a mi alrededor y pienso si esto nos pasa a mucha gente o soy yo, que me recreo en la experiencia de la itinerancia perpetua camino de una paz que no soy capaz de darle a mi alma. 

Escucho a muchas personas hablar de estrés. Esta tarde una adolescente corría a refugiarse de la lluvia impenitente blandiendo un paraguas amarillo con una varilla rota. Y al alcanzar la cornisa se ha sacudido la carrerilla diciendo "¡Qué estrés!". Me ha llamado la atención. ¿Cuál sería la causa de su estrés? ¿La lluvia? (motivo suficiente, en mi opinión). ¿La varilla rota por culpa de la cual se mojaba parcialmente? ¿El color amarillo del paraguas? ¿La vida?

La vida con estrés no es vida. Yo hace años que siento que no vivo: resuelvo. Los días se me aparecen tras el manotazo al despertador con una lista de tareas bien visible. Es la primera de las diapositivas mentales que proyecta mi cerebro cada mañana. Se me quitan las ganas. Pienso que un día más haré lo que se espera (lo que yo también espero) de mí e irán pasando las horas; aquellas que podría haber empleado en sentirme bien y en hacer algo que me diera ilusión por arrancarle al nuevo día la luz para poder seguir haciendo eso que me recuerda que debo sonreír más. Un día más sentiré a las personas que más quiero como pivotes que ralentizan mi carrera desesperada. Y me sentiré mal por no ser más generosa en el reparto de mi aliento.

Algo estamos haciendo mal. Lo que expresamos constantemente son quejas por nuestra vida perra. ¿Qué sentido tiene pasar por este mundo así, con la espalda corvada y la mirada esquiva? Cumpliendo, cumpliendo. Respirando estrés. Inhalando y expirando estrés propio y ajeno. Lamentando lo que nos pasa, temiendo de antemano lo que nos pasará y con la convicción de que no hay salida. Porque los frentes vienen para quedarse y se quedan. La nieve, por lo menos, tiene la decencia de deshacerse y borrarse aunque no le hayas dedicado ni medio pensamiento.

No me reconozco, pero sí: venga una nevadita si a cambio se lleva al menos uno de mis nubarrones.

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