Este blog es un refugio, es un capricho, un lujo. Es mi ocasión de jugar con las palabras, de darles forma, de pretender lectores, de desparramar mi sesgada interpretación de esta vida loca. Este blog contiene algunas de mis cosillas que ya sé yo.

lunes, 19 de marzo de 2012

El mantel

Pienso mucho en Mariluz. Tan guapa, tan entrañable, tan cariñosa... tan moderna. Ayer me acordé de ella cuando saqué el mantel del aparador. Éramos muchos a comer. Añadí un tablero a la mesa y la vestí con el mantel blanco que tanto le gustaba. Siempre que saco el mantel me viene a la cabeza una escena en la que yo lo extiendo con su ayuda, antes de una celebración familiar; ella repara en la cenefa bordada y la mira y la toca con detalle. "¡Qué mantel más bonito", me dice. "Sí. Pues se lava de mal...", le digo yo. Y ella se ríe. Y, a continuación, pienso que seguramente tiene en la cabeza el remedio para dejar blanco como una patena mi bonito mantel de hilo. Pero no dice nada, seguramente, por no darme lecciones de buen hacer (que yo habría admitido de buen grado, seguro).

Mariluz no compartió conmigo su sabiduría y yo me encuentro esta madrugada sacando de la lavadora mi mantel, con dos manchas que son un clásico postcelebrativo: la de vino y la de café. Así que me pongo a frotar y pienso en ella y en esas manchas omnipresentes en medio de la blancura, restándole presencia a mi bonito mantel.

Lo repaso una y otra vez, de esquina a esquina, buscándole las pupas y recordando a Mariluz, que ya se me ha colado en la primera posición de los pensamientos intensos que me regalan las noches en vela. Su recuerdo me emociona siempre; pero es cierto que, también siempre, me deja una sonrisa pintada en el corazón, porque siento que tuve suerte de conocerla y sentirla y tener una excusa emocional para conservar el mantel que tanto trabajo me da, pero que me une con ella en ese recuerdo, en esa revelación: "Sí. Pues se lava de mal...".

Tiendo el resto de la colada que sí ha sido sensible a mi rutinario lavado a 40 grados y vuelvo a la cama. Pero qué largas son las madrugadas cuando uno no puede dormir.

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