Este blog es un refugio, es un capricho, un lujo. Es mi ocasión de jugar con las palabras, de darles forma, de pretender lectores, de desparramar mi sesgada interpretación de esta vida loca. Este blog contiene algunas de mis cosillas que ya sé yo.

jueves, 16 de febrero de 2012

Sin cortarse un pelo

Entro en una perfumería de una conocida franquicia. Saludo y me entretengo en los estantes buscando algunas cosas que necesito. Pasados unos minutos, llamo la atención de la dependienta: “Perdona: ¿me puedes dar un contorno de ojos”. Me mira fijamente. Se gira y atrapa una cajita alargada. Me la tiende: “Éste es anti arrugas y anti edad”, me dice ¡la muy perra! “No te cortas un pelo”, le digo sin acritud. Y ella sonríe, pillada en falta, esbozando una disculpa: “No, bueno: son recomendables a partir de una determinada edad…”. Pues a ver si lo vamos a acabar de arreglar, pienso.
Ella es muy joven y me bato en retirada. La insolencia de su corta edad le ha colocado frente a mí en el rin, sin comerlo ni beberlo. Pero yo no busco pelea. Además, tiene razón, jajaja: su recomendación es la adecuada.
Suerte que mi autoestima no depende de comentarios como éste y suerte también, que me encuentro resultona para la edad que tengo… Pero hubo un tiempo en el que mi reconocimiento personal era infinitamente peor ¡y era mucho más joven! No tenía arrugas, pero tenía un acné tardío que unas cuantas (y ningún cuanto, es curioso) se encargaban de recordarme cada poco.
La tiranía del canon estético es demoledora. Es un sinsentido en el que quien más quien menos tendría algo que contar. Y es difícil escapar. Ser guapa, estar guapa, sentirse guapa… visten. También a ellos. Adornan más que la bondad o la lealtad. La inteligencia, el sentido del humor, el don de gentes… aún tienen en nuestros días una oportunidad. Pero, primero, hay que ocuparse de los kilos, de las arrugas y de la batalla anti edad.
Lo tenemos tan arraigado que no me siento siquiera capaz de apuntar cómo combatir esta esclavitud. Pero una cosa diré antes de cerrar esta entrada: la dependienta no tuvo ovarios para ofrecerme el 2x1 de la crema anti celulítica. Se las hubiera regalado a ella (maldad que nace desde el resquemor, jajaja).

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