Este blog es un refugio, es un capricho, un lujo. Es mi ocasión de jugar con las palabras, de darles forma, de pretender lectores, de desparramar mi sesgada interpretación de esta vida loca. Este blog contiene algunas de mis cosillas que ya sé yo.

jueves, 2 de febrero de 2012

Frases célebres en la madrugada

Holaaa… No puedo dormir. 4:45 a.m. ¿Por qué? Ah, pues no lo sé. Llevaba un rato dando vueltas en la cama recuperando, sin saber por qué ni a santo de qué, frases que he escuchado recientemiente y pienso: ¿vale con juntar palabras que parezcan frases, para decir algo coherente? Sí, lo sé: este espacio de disertación que me dispongo a abrir a estas horas de la madrugada, tampoco tiene mucho sentido. Pero estamos a lo que estamos: la noche tiene este puntito de distorsión de las emociones y de las cosas.

Va la primera frase: “Por un lado está la ley de protección de datos, pero por otro, todo el mundo puede enterarse de la vida de todo el mundo… Se contradice…”. ¿Sí? ¿Se contradice? Ahora que la estoy escribiendo, no la encuentro tan descabellada… ¡Qué cosas! La noche. Puede incluso que se  trate de una reflexión de calado. Igual se estaba poniendo sobre el tapete el derecho a la intimidad en relación con la protección de datos y, por ende, de la vida privada, así en general. El caso es que, en su momento, a mí me pareció que lo que venía a decir esta frase que asciendo a la categoría de célebre, es “Menuda chorrada lo de la protección de datos, si yo cuando quiera y donde quiera saco información de debajo de las piedras si hace falta, con sólo preguntar aquí y allá, y despeloto al más pintado”. Os lo dejo ahí. Es la voz de la calle. Soberana, siempre.
Otra, para vuestro disfrute: “Mi hijo va a religión y a catequesis, porque es el único sitio donde se les enseña el respeto. En mi casa siempre ha sido así. En otro sitio, no lo ven. En las clases no hay tiempo para estas cosas y si no van a la catequesis no lo ven”. Estoy haciendo un esfuerzo por reproducir las frases tal y como fueron volcadas, para no restarles un ápice de fuerza expresiva. Esta proclama a mí me quita el sueño. Lo estáis viendo. Me duele. Me hace daño: en su continente y contenido. ¿Qué quiere decir esto, Señor, que incorporas en las niñas y niños del mundo el concepto de respeto, a través de tus pastores? En serio, no voy a ir más allá, porque si lo hago, creo que no volveré a pegar ojo nunca más.
Vaya por delante, aunque sea al final (licencia que me tomo, por ser las horas que son) que yo sí fui a religión toda mi infancia y, desde luego a catequesis, y que se me presupone el respeto al prójimo. Con lo que quiero decir que estas frases célebres merecen mi reconocimiento, máxime cuando estoy dedicando mi velada a darlas a conocer en la placita de “Ya sé yo mis cosas”, para vuestro desparrame intelectual y sociológico. Sacarle punta a lo que se oye por aquí y por allí no es baladí. Siempre, siempre, hay de fondo una verdad como la copa de un pino. Aunque a veces cueste encontrarla entre la amalgama de palabras que se arrojan con pretensión de enunciado sin vuelta de hoja. Siempre hay vuelta de hoja. ¿Qué haría yo de madrugada si se me negara esta golosa posibilidad? Dormir, sí. Más me valdría. Pues allá que voy. 5:15 a.m. Me voy a poner horizontal, a ver si me llevan los guardias…

2 comentarios:

irene adler dijo...

y yo que pensaba que ya había inculcado en mis hijos la idea del respeto al prójimo y a sus ideas... como que ahora me siento mala madre, je,je.
Frase que no viene a cuento, pero la escuché ayer y me reí como una tonta: "cocodrilo que duerme, cartera".

Macarena dijo...

Cuando el pueblo habla, pontifica. Hay madres y madres, ya sabes. Pero merecemos que nos respeten! Jajaja. Me apunto la del cocodrilo, para mi próxima vigilia.