Este blog es un refugio, es un capricho, un lujo. Es mi ocasión de jugar con las palabras, de darles forma, de pretender lectores, de desparramar mi sesgada interpretación de esta vida loca. Este blog contiene algunas de mis cosillas que ya sé yo.

domingo, 1 de enero de 2012

¿Navidad?

Qué Navidad más rara… Ayer pasé por la calle Dato y una banda de músicos tocaba “Ande, ande, ande… la marimorena…” Y me vino esa sensación: es Navidad, qué bien, qué bonito. Sin embargo era la primera vez que la tenía en estos días.

La Navidad ya no parece Navidad: a mí no me llega, no me toca, no me emociona. Ni siquiera hace frío… No hablemos de nieve. Apenas se oyen villancicos por ninguna parte, nadie habla del Niño Jesús y para colmo, el Olentzero se nos ha colado por todas las rendijas descafeinando a nuestros queridos Reyes Magos, que son los que llegan tarde, cuando está todo el bacalao cortado ya. Buff.
¿Por qué celebramos la Navidad? El sentido religioso de la fiesta se ha diluido tanto que no tiene sentido llamarlo así. Nos metemos de lleno en unas vacaciones dedicadas al zampabollismo, el rejuntamiento familiar y la compra compulsiva. Yo entre todo este jaleo, cada vez me siento más rara y más incómoda. Y tanto gasto… Una piensa en complacer, en hacer realidad las ilusiones de los suyos y si se lo puede permitir, allá que se lanza a recrear la magia de la Navidad. Pero unas semanas más tarde, metida de lleno en festejos, me chirría tanto exceso; me convulsiona, me martillea la conciencia. No es necesario. Lo estamos haciendo todos muy mal.
Siempre he creído que las personas a las que no les gusta la Navidad son unas aguafiestas cortarrollos. Pero mira por dónde es en eso en lo que me he convertido. No entiendo esta Navidad en la que se supone que celebramos el nacimiento de un Dios que elige un humilde pesebre para nacer, para lanzar con su gesto un mensaje al mundo: en la humildad y la sencillez está la verdad. No hace falta creer en Dios para darse cuenta de que lo que nos hace grandes como personas no es todo esto en lo que hemos convertido la Navidad.
Ya está aquí el 2012. Mi propósito de aquí a un año: villancicos en mi casa y en las voces de mis hijas, una visita al Niño Jesús en el día de su cumpleaños, regalos más valiosos y menos caros y una ilusión renovada ante estos días, al llegar el mes de diciembre de 2012.
Me pongo a ello ya, con todo el empeño del sinsabor que me deja en el corazón esta Navidad que enfrenta su recta final. He pedido a los Reyes Magos, paz. Para mí, para ti, para todos vosotros y vosotras. Paz en el corazón. La que siente uno cuando sabe que lo está haciendo bien.
Feliz Año 2012.

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