Este blog es un refugio, es un capricho, un lujo. Es mi ocasión de jugar con las palabras, de darles forma, de pretender lectores, de desparramar mi sesgada interpretación de esta vida loca. Este blog contiene algunas de mis cosillas que ya sé yo.

lunes, 12 de diciembre de 2011

Un par de cosas y alguna más

Hay un par de cosas que una debe callar en este pueblo nuestro para que no le miren raro, como con desconfianza. Si una desea sentirse parte de la comunidad no debe decir nunca lo siguiente: que no te gusta el monte y que no ves "El conquistador del fin del mundo" (El Conquis, que le llaman).

Y a mí es que el monte, no. Subir a Olarizu una tarde de septiembre y hacer la gracia con las zapatillas de trecking, vale (de la última bajada guardo aún un derrame en la uña del dedo gordo del pie derecho). Pero eso de salir de mañanita, con la rasca; subir y ahogarse en directa proporción; morirte de calor por la incapacidad manifiesta de adaptar ropa a circunstacias climáticas cambiantes y trincharte un bocata de tortilla de patata que multiplica por dos las calorías quemadas en el reto precedente... no encaja con mi concepto de aprovechar el domingo. Llámame floja, pero a mí lo que me pide el cuerpo el domingo es dormir -criaturas mediante- y despertarme y decir: un poco más. Porque es que yo llevo ya varios años en los que tengo siempre el tanque de sueño marcando la reserva.

Qué bonito el monte en las postales, madre. ¿Y los montes nevados? Buah: en los libros de fotos, emocionan. Me contaba un amigo mío de la Universidad (éste sí que llevaba la montaña en el alma) que cuando alcanzas la cumbre de uno de estos picos que tocan las nubes pero bien, se siente uno pequeñito, pequeñito y que lo que se experimenta es un abrazo de paz. Ya será. Cada uno hace lo que puede en la vida y yo la paz la consigo cuando me tumbo en mi lado de la cama y hago el aspaviento que me reconcilia con la rutina: ahhhh.

Y qué decir del Conquis. Es que no sé ni de qué va, pero cada vez que he dicho que no lo veo me he sentido como en el supermercado: desbordada por mi desconocimiento supino de la materia. Sin embargo, lo que me encanta es "Más allá de la vida", oye. Que Anne Germaine me parece lo más, diga Santiago Segura lo que diga. Yo me lo trago todo. No acepto conjeturas de entrevistas previas ni guiones establecidos en la grabación del programa. ¿Qué daño hago yo con esto? Si yo no digo nada porque os guste el Conquis, ¿por qué me queréis quitar la ilusión de pensar que hay gente que devuelve la paz a determinadas personas que sufren la pérdida de seres queridos?

Bueno, bueno y ya que nos ponemos a hablar de tele, mención especial para el programa "El juego de tu vida". No sé si aún lo emiten, porque hace tiempo que no me lo he encontrado por ahí... Pero ese enemigo de la convivencia social tiene un poder ingente sobre mi persona. Si me topo con él me imanto. No puedo dejar de verlo: yernos que afirman que sus suegras les parecen feas y sucias, currelas que asienten que han mangado en la oficina todo lo que han visto a su paso, hermanas que se han beneficiado al cuñado, macarras que han sodomizado a su colega de toda la vida pa probar... La gente va y acude a ese programa para que le saquen to lo negro de su existencia y se va, en el mejor de los casos, con un montón de pasta y el rechazo de todo quisqui que le ha rondado en la vida. Y yo, mientras asisto (cómplice de Enma García, lo sé) a esta debacle no dejo de sufrir y de exaltarme diciendo ¡no contestes a eso! Y en el aire, dos palabras: ¿por qué?

Sospecho que daría igual que esta tropa de descerebrados de El juego de tu vida hagan monte o vean el Conquis. La única esperanza de participación social para ellos es hacerse una campaña de imagen y convencer al personal de que son actores con guión, como pasa en muchos programas. En muchos, pero en otros no, ¿eh?: dejénme fuera de estos chandríos a mi medium de Más allá de la vida... Chitón.

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