Este blog es un refugio, es un capricho, un lujo. Es mi ocasión de jugar con las palabras, de darles forma, de pretender lectores, de desparramar mi sesgada interpretación de esta vida loca. Este blog contiene algunas de mis cosillas que ya sé yo.

lunes, 21 de noviembre de 2011

Una carta de puño y letra

Hace unos días escribí una carta de puño y letra. Una carta a un ser querido sobre papel y trazo de tinta negra irregular, personal.

A mí me sigue gustando desenvainar mi pluma y transcribir el dictado de mi cabeza: a trompicones, tal y como vienen las frases a mis dedos; en bruto, sin limar. Me gusta tachar sin contemplaciones lo que, decididamente, no va. Y encajar la palabra que echaba en falta, en medio de otras dos. Y así, como se tricota un jersey, una fila del derecho y otra del revés, componer el texto y reducirle la forma, allí donde mi gusto lo requiera.

Fue un placer escribir esa carta; contar lo que contaba con la certeza de que no queda copia en ninguna parte. Saber que la tiene quien debe: un ser querido a través de quien obtuve el placer de rubricar con mimo aquellas sentidas líneas.

Recibir una carta de puño y letra recuerda que alguien te quiere; alguien que ha quebrado la blancura de un folio para despertar tus emociones, buenas, malas; intímas, en cualquier caso.

Una carta de puño y letra es un bonito regalo: a tu nombre, con sobre y sello, con fecha y lugar, márgenes alterados e interlineados imprecisos. Una carta de puño y letra se guarda en un cajón, junto a otras. No hay bandejas a la altura de una carta de puño y letra.

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