Este blog es un refugio, es un capricho, un lujo. Es mi ocasión de jugar con las palabras, de darles forma, de pretender lectores, de desparramar mi sesgada interpretación de esta vida loca. Este blog contiene algunas de mis cosillas que ya sé yo.

jueves, 3 de noviembre de 2011

Objetivo imposible: que no se note

No me gusta nada la pelu. A mi hermana pequeña tampoco le gusta la pelu. O sea que no estoy sola en esto: la pelu no mola.
Este mediodía he estado en la pelu: “¿Qué te vas a hacer?”. Música de película de Hitchcock en mi cabeza: “A ver qué vas a entender de lo que yo te diga”, pienso. Pruebo: “Arreglarme un poco el corte”. Aumenta la tensión ambiental tras la pregunta que sigue: “¿Te vas a peinar?”. Mi respuesta es inmediata: “No”. “Te peino lisito, entonces”. Bueno, yo no he dicho eso tampoco y entonces cometo el gran error: “No. No quiero planchas; lo suelo llevar muy natural. Secador y como caiga”. “Vale”, dice ella: “Le damos un aire y listo”.
El aire. Un cuarto de hora después hay una tía sentada frente al espejo que no soy yo. Tiene un aire, eso sí. Dios mío, ¿por qué? Hubiera estado infinitamente mejor, lisito.
En estos momentos, echo en falta tener un poco más de arranque para decirle a mi estilista: “Oye, que es que así no me veo. Bájame el aire”. Pero no puedo. No me sale. Me da apuro pedirle a la peluquera que deshaga su trabajo y trago. Y sonrío, además. Yo soy así. Soy amable. Me gusta que se sientan satisfechas con lo que han hecho. A pesar de lo que han hecho. Quizá ellas tampoco saben freír pollo y darme un aire sea su pasaporte a la dicha…
Así que pongo cara de “me ha quedado superbien el pelo y fíjate qué brillo”, pago, doy las gracias y salgo corriendo hacia El Corte Inglés. Y empapo. Empapo bien mis cabellos y aplatano. Aplatano ondas varias, trabajo de puntas y ahuecamientos superiores. Me paso el peine de bolsillo y adquiero ese aspecto extraño que se apodera de mí cada vez que voy a la pelu: que no se sabe si voy o vengo.
Recupero esa frase final de mi peluquera: “Que se note el toque de pelu, ¿no?”. Ahí. Ahí radica el desenfoque de todo el planteamiento. Cómo olvidar el estilismo de Patricia Krauss en el Festival de Eurovisión del año 87. Seguro que pidió que le peinaran muy natural, pero es que esta gente te la lía y te la lía.

1 comentario:

Marta dijo...

Pero que razón tienes, yo creo que deberían de dar un curso sobre como hablar con las peluqueras....