Este blog es un refugio, es un capricho, un lujo. Es mi ocasión de jugar con las palabras, de darles forma, de pretender lectores, de desparramar mi sesgada interpretación de esta vida loca. Este blog contiene algunas de mis cosillas que ya sé yo.

lunes, 19 de septiembre de 2011

Un hombre bueno

Tengo el inmenso placer de haber conocido recientemente a un hombre realmente bueno. Me tiene conmovida su compromiso, su entrega a la causa, su humanidad, la amabilidad que derrocha y su solvencia profesional. Le escucho hablar y sus palabras transmiten seguridad, convicción y esa sensación de haber encontrado al protagonista de aquel bonito cuento de Tolstoi: la camisa del hombre feliz.

Quien motiva estas líneas tiene camisa y algunas cosas más, es cierto. Pero lo que a mis ojos le viste es su humildad. Creo que ésta es la prenda que de verdad puede curar la enfermedad del zar del cuento, los dolores del alma, las frustraciones y las heridas. Nos sentimos tan importantes que nuestros problemas parecen igual de grandes. El hombre feliz no tenía camisa que dejarse arrebatar: su riqueza estaba en el reconocimiento de su suerte.

¿No es cierto que por estos lares tenemos mucha, pero que mucha suerte? ¿Por qué entonces tantos sintomas de malestar en los hombres y mujeres que habitamos esta parte favorecida del mundo? Decía esta mañana mi recién descubierto hombre bueno que sólo teme a la soledad y a no poder valerse por sí mismo; que el resto de los problemas se solucionan con actitud, tesón y esfuerzo. Bueno: quizá no todos los problemas, pero sí un puñado generoso de ellos.

Me quedo con la actitud. Un "progresa adecuadamente" podría ser un objetivo razonable a corto plazo. Venga: a ver si nos sale...

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