Este blog es un refugio, es un capricho, un lujo. Es mi ocasión de jugar con las palabras, de darles forma, de pretender lectores, de desparramar mi sesgada interpretación de esta vida loca. Este blog contiene algunas de mis cosillas que ya sé yo.

martes, 12 de julio de 2011

De hambre y poca vergüenza

Si fuera de una generación anterior habría puesto por delante la poca vergüenza y después el hambre. Por situar, aclaro que no me refiero al hambre en el mundo. Y por facilitar un contexto para mi comentario explico que provocan mis palabras las imágenes de mujeres y hombres que fueron portada u ocuparon espacios significativos en los medios de comunicación, el pasado 7 de julio, San Fermín.

No sé qué les pasa por la cabeza a esas mujeres que deciden que el colmo de la megafiesta es despojarse de camisetas y sostenes y liberar mamas chipiadas de vino. No sé qué demonios hace todavía en la cabeza de los hombres la convicción de que un pecho sin cubrir es una llamada al magreo espontáneo. No sé qué lleva a los y las responsables de publicaciones a pensar que una mujer borracha (no me cabe otra explicación) es susceptible de convertirse en portada, denigrando su imagen física, su honor y de paso ofreciendo una imagen lamentable de las mujeres que viven la fiesta exponiendo su cuerpo al hambre del hombre hambriento.

Lo peor de todo es que no se trata de una única foto. Es que son muchas las que se han podido ver ilustrando imágenes similares a la anteriormente descrita. Y entonces ¿el problema dónde está? ¿Quién está hablando de quitarle a una la libertad de desnudarse y permitir que la toquen los machos? Yo, no. Entiendo que hay un contexto de júbilo, fiesta, alcohol… en el que quizás vale todo. Quizás. Yo no lo tengo claro. Pero es evidente también que extrapolada de su momento, la escena inmovilizada en papel se vuelve grotesca y de mal gusto.

A mí me ofende que todos los hombres que, en mi entorno y cercanías, han sido sondeados sobre su parecer ante la publicación de estas fotografías, han reaccionado con risotadas y complacencia. Estoy convencida de que la mayoría han visto en las imágenes a una guarra y a un listo. De ahí haber invertido los términos en el titular de esta entrada. Seguramente, si yo fuera una mujer de más edad habría pensado en la poca vergüenza que tiene esa mujer y en que a los hombres les plantan una teta en la cabeza y qué van a hacer… Afortunadamente, soy de una generación de mujeres que queremos que se nos respete, que trascienda más allá de nuestras curvas nuestro reconocimiento y lugar en el mundo. Queremos aparecer en las portadas de los periódicos por lo que hacemos, no por lo que lucimos, la ropa que vestimos y la dedicación que tienen nuestros maridos. Queremos que nuestros amigos, parejas, hermanos, padres se lleven las manos a la cabeza, como muchas de nosotras, al encontrarnos una foto de portada que nos convierte en un montón de carne sin conocimiento a la espera de la zarpa del león dominante.

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